Las tormentas ¿Cómo se forman?


Los días cálidos y sofocantes del verano se producen, con frecuencia, tormentas locales. El retumbar del primer trueno es seguido por unos instantes de silencio, a los que suceden ráfagas de aire frío, sobreviniendo después la tormenta, acompañada, generalmente, por el resplandor de los relámpagos. Junto con la lluvia puede caer también granizo.
Aunque el mal tiempo general está asociado a una depresión, por lo común las tormentas son efectos locales, con una duración aproximada de una hora; pero puede agruparse en largas líneas, conocidas con el nombre de líneas de borrasca.
Una tormenta típica aislada cubre una zona de 5 a 9 kilómetros, a diferencia de las líneas de borrasca, que pueden extenderse a lo largo de varios cientos de kilómetros. En algunas zonas 1as tormentas se producen entre los 900 metros de altura sobre el pero en otras regiones muy secas, las nubes más altas se pueden situar entre los 4 y los 8 kilómetros sobre la superficie, alcanzando en los trópicos alturas de 11 a 15 kilómetros.
En ciertas partes, las tormentas suelen iniciarse al atardecer, y se mantienen hasta bien entrada la noche, lo que es debido al calentamiento y enfriamiento diario de la superficie terrestre. En el mar, las tormentas traen consigo una lluvia abundante, cayendo, a veçes, en gotas de 6 milímetros de diámetro. Tales tormentas van acompañadas, con frecuencia, de granizo, que puede al alcanzar el tamaño de una pelota de golf o de tenis. Las piedras de granizo gigantes caen sólo en los trópicos, aunque en Sussex (Gran Bretaña), durante septiembre de 1958, se recogieron piedras del tamaño de una pelota de tenis, pesando la mayor 186 gramos.
Durante el verano las tormentas son frecuentes en los trópicos y en zonas de clima suave. Las peores se desarrollan en el centro de África, Brasil. Madagascar e Indonesia. La mayor parte del agua de lluvia que cae en estas zonas procede de las tormentas.
Las tormentas se originan cuando grandes masas de aire húmedo se elevan a través de capas de aire más frío. Esto es un ejemplo de corriente de convección: el aire caliente se eleva dejando un espacio tras de sí; el aire frío, más denso, se desplaza para llenarlo. Tales masas de aire se elevan de la misma forma que las burbujas de aire suben del fondo de un recipiente de agua hirviendo, pero, por supuesto, a escala enorme. Las tormentas se desarrollan, en general, durante el verano, cuando el aire caliente y húmedo contiene una cantidad considerable de vapor de agua.
El suelo recalentado eleva la temperatura del aire en contacto con él, y este aire caliente, que es más liviano que la capa que tiene encima, empieza a ascender. A medida que sube, se expande y, por lo tanto, se enfría; pero a pesar de ello, continúa elevándose, ya que las capas que va atravesando son progresivamente más frías y más densas (esto se debe a que la temperatura decrece a medida que aumenta la distancia a la superficie de la Tierra). Llega un momento en que el aire ascendente se ha enfriado tanto que no puede mantener toda el agua que con tiene en forma de vapor, y el exceso de vapor de agua se condensa en millones de diminutas gotas acuosas, formando un cúmulo blanco y con aspecto de algodón, una nube. A medida que se forman las gotitas de agua, se desprende calor, el cual eleva la temperatura del aire, impulsándolo todavía, más hacia arriba. El calor liberado, calor latente, es del mismo tipo que el necesario para que se evapore un charco de agua. Este calor desprendido ayuda a mantener el ascenso de la columna de nubes.
Una condición indispensable para que una tormenta se desarrolle es que, con la altura, la temperatura del exterior de la columna ascendente de nubes crezca más rápidamente que la temperatura de su interior. De esta forma, la columna se mantiene siempre más ligera que el aire que la rodea, y asciende con más y más rapidez, para formar nubes con aspecto de hongo, que más tarde producirán las tormentas conocidas como tormentas de calor.
A medida que la nube asciende, las gotas de agua se transforman en cristales de hielo, que crecen hasta alcanzar un tamaño suficiente para poder caer. Al caer, se funden, de nuevo, en gotas de lluvia, las cuales se encuentran con las corrientes de aire ascendentes.
Estas violentas corrientes ascendentes pueden alcanzar velocidades de 110 kilómetros por hora, siendo más comunes las de 37 kilómetros horarios. Tales corrientes ascendentes rompen las gotas de lluvia, y la fricción con el aire produce una carga eléctrica en ellas, de la misma forma que, al frotar con un paño un trozo de vidrio, éste queda cargado eléctricamente (electrizado).
De hecho, sólo las gotas de lluvia más gruesas son lo suficientemente pesadas para forzar su camino a través de las corrientes ascendentes y alcanzar el suelo. A ello se debe que el agua de las tormentas caiga en forma de gotas tan gruesas. Las nubes tormentosas, llamadas nubes de cúmulo-nimbo, condensan cargas eléctricas, hasta que llega un momento en que no pueden retenerla por más tiempo y se descargan, bien sobre otra nube o sobre el suelo. Estas descargas producen los brillantes resplandores del rayo, característicos de las tormentas de verano. El trueno es el ruido que se produce cuando la chispa cruza el espacio que hay entre dos nubes o entre la nube y la tierra. Al caer, las gotas de lluvia arrastran el aire que asciende con ellas hasta tal punto que inician una corriente de aire frío descendente, por lo que, en la misma
nube tormentosa, pueden coexistir una violenta corriente ascendente junto a una fuerte corriente descendente. La acción de ambas, como unas tijeras gigantescas, puede partir en dos un aeroplano o, en el mejor de los casos, proporcionará un vuelo muy agitado. Las corrientes descendentes se rompen en la base de la nube y giran a ambos lados sobre el suelo. Éste es el origen de las ráfagas de aire fresco que marcan el principio de la tormenta. Estas ráfagas pueden elevar masas de aire húmedo y caliente, iniciando una nueva tormenta. De este modo, es posible que éstas
pasen en olas sucesivas y se descarguen sobre la superficie terrestre.
Para mantenerse, las nubes tormentosas precisan de un suministro continuo de aire cálido y húmedo, y si éste se interrumpe bruscamente (por ejemplo, cuando la tormenta atraviesa una cadena de colinas), la inmensa cantidad se mantienen en lo alto por los fuertes corrientes de aire ascendentes como pelotas de ping-pong sostenidas sobre un manantial, se ve obligada a precipitarse a toda velocidad hacia el suelo, en forma de chaparrón.

Distancia de la Tormenta

El relámpago que acompaña al trueno nos proporciona un medio sencillo de
averiguar la distancia a que se encuentra la tormenta. Al mismo tiempo que las chispas luminosas saltan a la tierra o a otra nube, el sonido del trueno se produce a lo largo del camino recorrido por la chispa. Pero el sonido viaja con mayor lentitud que la luz. Así, la luz viaja a 300.000 kilómetros por segundo lo que, en la práctica, significa que el relámpago es visto en el mismo momento que se produce. Pero el trueno se traslada a la velocidad del sonido, es decir, a 330 metros por segundo. Por tanto, en una tormenta que se encuentre a 1 kilómetro de distancia, el sonido del trueno se escucha unos tres segundos después de verse el relámpago, a dos kilómetros del intervalo es de seis segundos, y así sucesivamente. Luego, para hallar la distancia a que se encuentra una tormenta, hay que contar los segundos que pasan entre el relámpago y el trueno, sabiendo que tres segundos representan un kilómetro.


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